En
este día, donde el amor se viste de colores prestados, mi pensamiento se
desliza hacia ti como un río que busca su cauce. No necesito tocarte para
sentir que tu presencia es el eje que
ordena mi caos, la brisa que despeja la niebla de mis días. Eres, en tu esencia, la
promesa de que todo lo que se retrasa no
se pierde, sino que se acumula en un instante que aún no nombramos, pero que ya
existe en algún lugar del tiempo.
La
distancia, esa línea invisible que nos separa, no es más que un puente tendido
hacia algo más grande. Cada día que pasa sin verte es una piedra que
colocamos en el camino hacia nuestras metas, hacia esos propósitos que
hemos tejido con hilos de esperanza y determinación. Tú y yo, en esta danza de ausencias y presencias,
somos cómplices de un mismo sueño: crecer,
avanzar, florecer. Y aunque no siempre lo diga,
tu apoyo es el suelo firme donde planto mis raíces, la luz que me empuja a romper la tierra y alcanzar el
cielo.
No
sé si el destino nos ha puesto juntos para enseñarnos paciencia o para
recordarnos que lo más valioso no se entrega fácilmente. Lo que sí sé es que,
en ti, he encontrado a alguien que no solo camina a mi
lado, sino que me impulsa a ser mejor, a mirar más allá de lo inmediato,
a creer en la demora como un acto de fe. Y por eso, hoy más que nunca,
me siento agradecido. Agradecido por tu risa,
que es como un faro en mis noches largas; por tu fuerza, que me recuerda
que no estoy solo; por tu amor, que es el mapa
que me guía hacia un futuro en donde la mejor
versión de nosotros construye y habita.
Cuando
pienso en nosotros, no veo solo un reencuentro, sino una constelación de
momentos que aún no han llegado pero que ya brillan en el horizonte. Y
sé que, cuando por fin nos veamos, no será solo un abrazo, sino la culminación
de todo lo que hemos sembrado en silencio, en la distancia, en la espera.
Hasta
entonces, seguiremos caminando, cada uno por su sendero, pero siempre mirando
hacia el mismo norte.
Porque tú y yo no somos solo dos personas que se aman, sino dos almas que se
han prometido crecer juntas, incluso cuando el mundo nos separa.
Gracias por ser mi luz, mi
razón, mi complicidad.
Con
todo lo que soy,